viernes, 21 de noviembre de 2025

La casa cultural del Barrio Antioquia: Dos décadas de convivencia y resistencia.

 Por: Filoparchando 


Francisco Javier García Ramírez, de 66 años, nos esperaba en la puerta de Culturarte, la casa cultural que palpita en el Barrio Antioquia. Fundador y custodio de este espacio desde hace veintitrés años, su figura trigueña y serena irradia la experiencia de quien ha hecho de la cultura una forma de resistencia. Al comienzo, su mirada era recelosa y nos interrogó “¿quién les dio mi contacto?” pero luego su voz se tornó hospitalaria. Nos contó que Culturarte nació de la necesidad de orientar a la comunidad en unas elecciones vecinales y del anhelo de sembrar prácticas democráticas y de convivencia. En la entrada, su lema “integración, solidaridad y justicia social para nuestros barrios” da la bienvenida a su interior entre murales que aún conservan la huella del antiguo colegio que una vez fue aquel lugar.

Don Francisco nos cuenta que al conocer que, desde el gobierno nacional, a través del Fondo de Inversión Social, se quería fomentar la fundación de casas de cultura en todo el país, se fueron juntando voluntades para articular un proyecto cultural en el barrio. Sin embargo “para poder optar a esos recursos había que crear una corporación”  y tras dos años de trámites burocráticos, el 30 de noviembre del 2003 lo lograron. Nos dice: “recuerdo muy bien que estaba de alcalde Luís Pérez, y por medio del secretario de educación nos hizo entrega protocolaria del predio bajo la figura de Comodato”. 

En este lugar alguna vez funcionó la escuela Jorge Arango Carrasquilla, también conocida por la comunidad como “la escuela de los locos”, donde se formaban a los estudiantes con capacidades cognitivas especiales y que no eran admitidos en la educación tradicional. “ En general, el lugar estaba muy deteriorado en esa época, nos entregaron el coco de la instalación”. Esta se convirtió en la casa cultural del Barrio Antioquia. De los miembros fundadores de este sueño, Francisco es el único que permanece al frente del proyecto, y nos confesaba con cierta nostalgia que “al final estoy prácticamente como medio solo, pero haciendo cosas todavía”.

Cuando recibieron la casa cultural en 2003 – comenta Francisco-  estaba  muy reciente aún  la violencia de los 90's en el Barrio Antioquia. “Los muchachos de las cuadras más representativas del barrio, se habían agarrado a pelear por cosas insulsas, pues al final no se sabía cuál era el objetivo de dicha guerra. La conclusión a la que llegamos es que a ellos  los pusieron a pelear porque se necesitaba que hubiera una guerra interna en el barrio”. En este contexto, recibieron la casa cultural para tratar de recuperar la convivencia sana que había existido en las décadas de los 70 y 80, cuando se podía caminar tranquilamente en el barrio sin importar fronteras invisibles. El objetivo de la casa era atraer a la gente de distintos sectores del barrio para que este fuera un sitio de encuentro y se superaran esas rencillas que habían dejado, mal contados, 250 jóvenes muertos.

Se piensa que quienes estaban detrás de esta violencia eran los urbanizadores que veían el sector como un punto estratégico para vivienda y negocios, y estaban relacionados con el plan de ordenamiento territorial. Por eso el objetivo político de Culturarte ha sido tratar de frenar el conflicto y hacer resistencia y oposición a los cambios del uso del suelo. Pues ya en el plan de ordenamiento territorial impusieron que el Barrio Antioquia tenía que tener una construcción de composición mixta entre vivienda urbana y comercio, negocios como talleres, bodegas etc. Dice “en el fondo permitir esa mixtura es ir desplazando a los viejos habitantes, además de que sube la estratificación.” Por otro lado, la casa cultural ha contribuido al plan de desarrollo cultural y ambiental de la comuna 15. También ha hecho un esfuerzo por recuperar la memoria histórica y cultural del Barrio Antioquia y Guayabal en general.

La casa cultural del Barrio Antioquia sigue siendo un refugio de encuentro y aprendizaje. Hoy su oferta cultural se nutre de talleres de danza, artes visuales, manualidades, música, y programas como la ludoteca del Inder o Buen Comienzo, que acercan el arte y la educación a niños, jóvenes y adultos. También se han impulsado proyectos innovadores como el centro de investigación urbano y ecológico, donde se promueve el cultivo responsable de cannabis y huertas urbanas, apostando por una relación más sana con la naturaleza y el entorno. Culturarte se ha convertido en un puente entre la comunidad y la Alcaldía, un espacio abierto donde se celebran fiestas, se fomenta la participación ciudadana y se teje convivencia.

El sueño de Francisco, su fundador, es que la casa crezca, que se llene de escuelas de formación para todos: desde arte y deporte hasta cocina orgánica y sana. Imagina un lugar donde los jóvenes encuentren en el arte una alternativa, donde se mezclen nuevas creaciones y fusiones, y donde la cultura —en su sentido más amplio y plural— sea una herramienta para transformar hábitos, unir generaciones y mantener viva la memoria colectiva del barrio.

En cada casa de la cultura se enciende una chispa alentadora que modifica la forma en que habitamos el mundo. No son solo sitios con notas musicales en el aire y pinceladas en las paredes: son  espacios donde las personas se descubren a sí mismas al encuentro con los demás. Allí, el arte actúa como un refugio y una fuerza que despierta; no impone, sino que invita a transformar. En esos lugares, las relaciones se reinventan y los lazos se vuelven tejidos vivos de afecto y creación. Cada taller, cada conversación, cada ensayo es una forma de aprendizaje compartido, una experiencia que devuelve a la comunidad su poder de imaginar. Las casas de la cultura son semilleros de humanidad: lugares donde el individuo crece en relación, y donde la vida colectiva se renueva desde los gestos pequeños, como una corriente subterránea que, sin tanto ruido, termina cambiando los ciclos lamentables del horror .




martes, 14 de octubre de 2025

Medellín ¿una ciudad para quién?


Por: Filoparchando



Son muchas las personas que se han venido de algún pueblo para buscar un mejor futuro en Medellín. Todo el que llega en esa misión, instala la vida en algún barrio que esté a su alcance económico, y uno de ellos ha sido la Colinita. Allí llegamos muchos de nosotros, crecimos y pasamos la hermosa época de la juventud, gamineando por sus calles, departiendo, disfrutando de la alegría popular del barrio. Nos encontrábamos siempre en el morro, que llamaban la “Finca de los Pelusos”, y nos disponíamos de forma ritualística a hacer música, a debatir acerca de dios, la religión, la ciencia, los átomos, la historia etc. En este lugar se gozaba de un ambiente casi mágico, pues desde allí puede atravesarse con la vista toda la ciudad hasta Niquia, puede verse el aeropuerto, los edificios del centro como el Coltejer y el cúmulo de casitas de los barrios populares de las laderas. 


Siempre nos preguntamos por los nativos que recorrieron y habitaron este morro antes de la colonización, decíamos ¡aquí pudo haber muerto algún guerrero nativo en su defensa! O nos preguntábamos, ¿será que ellos practicaban también aquí sus rituales y nos los heredaron a nosotros? Curiosamente, en el 2013, durante una construcción en el barrio, se encontraron importantes yacimientos arqueológicos y cementerios indígenas. Este hallazgo constaba de tumbas de los Aburraes, objetos como narigueras de oro y fragmentos de cerámica, lo que reveló la presencia de población prehispánica en el territorio.


Según datos históricos, los cerros de Medellín eran fundamentales para la organización territorial de los primeros pobladores, a saber, los Aburraes provenientes de los Caribes. Cuentan que estos cerros, en especial el de la Colinita en el sector Guayabal, servían a los nativos indígenas como fuente de recolección de alimentos y como fortificaciones desde donde podían divisar la llegada de los enemigos. La mayor parte de los Aburraes habitaban esta zona y el morro de la colinita era un lugar sagrado para ellos. Así, cuando llegaron los españoles, los Aburraes se reunieron en la cima de la colinita, que era conocida históricamente como el cerro Calabacera, para observar y preparar la defensa, tocando tambores y bocinas para convocar a los otros grupos indígenas a la guerra contra los conquistadores. Guerra ante la cual muchos nativos se suicidaron, pues es sabido que sus corazones eran tan bravos que preferían eso, antes que la derrota y esclavización.


Se cuenta que bajo las órdenes del mariscal Jorge Robledo, partió de Heliconia una comisión de exploradores y, desde las colinas occidentales —en lo que hoy conocemos como Altavista—, Jerónimo Luis Tejelo abrazó con su ambiciosa mirada un nuevo horizonte para ampliar el dominio de la Corona Española. Con la llegada de la cruz y la espada el 24 de agosto de 1541, se fracturó el tejido cultural que sostenía la vida entre los pueblos nativos, y el Valle de Aburrá dejó de ser territorio de coexistencia entre lo ritual y lo cotidiano, para convertirse en propiedad, en mapa, en botín. La fundación simbólica de “San Bartolomé” no fue un acto de encuentro, sino de imposición: una reconfiguración violenta del sentido de habitar, donde el territorio pasó a responder a intereses ajenos a quienes lo habitaban, a obedecer a la colonización y sus lógicas occidentales violentamente introducidas, zanjando una herida que pese al paso del tiempo no ha podido sanar. Así se construyó esta ciudad: no para quienes ya vivían aquí, sino para los nuevos propietarios extranjeros.


Hoy, esa misma lógica colonizadora se actualiza bajo el nombre de gentrificación. Barrios populares, tejidos con memoria, afecto y resistencia, son intervenidos por proyectos urbanísticos que, en nombre del progreso, despojan a sus habitantes de sus formas de vida. El capital inmobiliario redefine el paisaje, expulsa cuerpos incómodos, convierte lo cotidiano en mercancía y lo comunitario en espectáculo. Como en el siglo XVI, el territorio sigue siendo negociado desde arriba, dirigido por unos pocos que deciden quién merece habitar y quién debe ceder. La ciudad se construye para el inversionista, para el turista, para el algoritmo, mientras se desdibuja la vida que la sostiene desde abajo. En este contexto, “¿para quién se construye Medellín?” no es una pregunta retórica, sino una urgencia ética: repensar la ciudad no como producto de consumo, sino como espacio de convivencia, memoria y dignidad para quienes la habitan.


La reciente obtención del premio de los World Travel Awards ha sido presentada como una prueba irrefutable de que Medellín es un destino mundial de excelencia. El propio alcalde, en un gesto de orgullo, afirmó que lo único que le falta a la ciudad es el mar. Pero detrás de este entusiasmo oficial se esconde una trampa: Medellín parece cada vez más diseñada para el turista y no para sus habitantes. La ciudad se ofrece como vitrina, un decorado pulido en el que los locales cumplen el rol de anfitriones, casi como chaperones de una “Isla de la fantasía”, mostrando lo luminoso de la urbe mientras lo incómodo se oculta bajo la alfombra. Así opera una nueva colonización: se brinda hospitalidad, se ofrecen comodidades, y poco a poco los visitantes terminan apropiándose del territorio que los recibió con generosidad.


No es casual que Medellín fascine a quien la pisa. Su geografía, su gente y su cultura son entrañables. Pero esa fascinación no puede ocultar los desafíos que impone la densidad de población, la desigualdad persistente y la fragilidad de la convivencia. La estrategia turística los maquilla en lugar de enfrentarlos. Vestir a Medellín de seda para la mirada extranjera es, en el fondo, transformarla en una especie de escort fina: disponible, complaciente, lista para satisfacer al cliente, aunque ello implique violentar su propia dignidad. La gentrificación, los desalojos y la mercantilización de la vida cotidiana son los efectos colaterales de ese modelo.


Por eso, la verdadera pregunta es si Medellín quiere ser un hogar para quienes la habitan o un espectáculo para quienes la visitan, pues una ciudad que olvida a sus propios hijos para complacer al turista, corre el riesgo de perder lo que la hace realmente digna de ser amada. Pues parece, bajo una mirada de esta modernidad neoliberal, ser envestida por una nueva conquista colonial, donde la ciudad ya no nos pertenece, sino que más bien nos escupe hacia afuera, si no se posee el poder económico para vivir en ella.

viernes, 19 de septiembre de 2025

El metro de la 80: progreso, desplazamiento e injusticia

 

Por: Filoparchando


 

Con grandes expectativas y un sentimiento de orgullo, la sociedad medellinense espera ver realizado el metro de la 80, y así poder decir ante el mundo que Medellín es una c#1mb@. El circuito de este proyecto conectará  la estación Caribe y Aguacatala, atravesando por la transversal 73, la calle 65 y la avenida 80 gran parte de la ciudad. Esta extensión del metro que mejorará mucho más la movilidad de Medellín es celebrado como símbolo del progreso y la pujanza antioqueña. No obstante, ese relato de progreso y modernidad oculta una injusticia ignominiosa y no podemos inflar el pecho cínicamente ante los extranjeros que nos visitan, a sabiendas de que ese metro será construido sobre los hombros de los sacrificados, a saber, quienes deben vender su propiedad a precios insultantes, para que ese metro exista. 

Algunos afectados, exponen que para la compra de su propiedad les ofrecieron precios que redujeron cuantiosamente su patrimonio. Por ejemplo,  por una casa  de 100 metros cuadrados ofrecieron 250 millones de pesos, y el afectado demanda que en el avalúo no se tiene en cuenta la casa o pisos construidos, sino que le están pagando prácticamente solo por el terreno. Ahora bien, lo peor es que con esos 250 millones no le alcanza para comprar otra propiedad con las mismas condiciones, pues un apartamento de torre o urbanización con medidas de 50 o 60 metros cuadrados hoy por hoy cuesta entre 400 y 450 millones de pesos. En esta encrucijada del progreso se encuentran los propietarios, los cuales han tenido que hacer protestas, demandas y tutelas para llegar a un acuerdo más justo, pero este acuerdo no se ha dado, y en caso de no darse nunca, tendrán que buscar una propiedad de bajo presupuesto en las laderas de Medellín.

Paradójicamente, el progreso del metro puede derivar en el empobrecimiento de estos propietarios, a todas luces, sacrificados para el bien común de toda la ciudad. Y es que al parecer el despojo despótico se ha convertido en el modo de proceder de la administración actual de Medellín, que ha propósito de las laderas, también ha desalojado a las familias que han sido afectadas por las catástrofes invernales, una solución con la que la administración se lava las manos y que los ha dejado peor de lo que estaban, pues esta los ha dejado a su suerte sin ninguna garantía de reubicación. 

Tolstoi, en su cuento Cuánta tierra necesita un hombre, dice algo que, de alguna manera, nos sirve para ilustrar lo que se encuentra en el trasfondo de muchas de las problemáticas que al día de hoy aquejan a la ciudad de Medellín: “La única pena es que disponemos de poca tierra”. Ante el avance del desarrollo de la ciudad en temas de movilidad, el proyecto del Metro liviano de la 80 nos plantea un viejo problema ético y político, esto es, la tensión entre legalidad y justicia, puesto que, para adquirir los predios necesarios para la construcción de esta obra, tanto el gobierno municipal y nacional cuentan con un marco legal que, en la ejecución del proyecto, ha derivado en una situación de injusticia con los propietarios de aquellas propiedades que se encuentran dentro del área a ser intervenida.

Si bien el proyecto tiene un impacto económico y social positivo para la ciudadanía, quienes deben pagar el precio de tal desarrollo son individuos particulares, familias y comunidades que están en riesgo de disolverse en la hojarasca del progreso. El avalúo de las propiedades, sustentado en el valor comercial del año 2016, pone en evidencia que la injusticia es, además de económica, también simbólica y social: ¿es posible calcular el valor de lo intangible? El aspecto económico es apenas la punta del iceberg de esta problemática que tiene en el fondo el desarraigo, la pérdida de redes comunitarias y el desplazamiento de memorias vividas en esos espacios.

En este sentido, el Metro de la 80 no puede verse únicamente como un proyecto de movilidad, sino como un dispositivo de poder que reconfigura la ciudad y redistribuye los costos del progreso de manera profundamente desigual. Bajo el discurso de la modernización, se ocultan dinámicas de corrupción, sobrecostos y negociaciones opacas que favorecen a unos pocos, mientras las comunidades directamente afectadas quedan sometidas a un proceso de despojo legalizado. El proyecto, lejos de encarnar el ideal de un desarrollo equitativo, revela cómo las instituciones pueden instrumentalizar la ley para legitimar prácticas injustas que erosionan el tejido social.

La gentrificación se convierte, entonces, en el rostro más visible de esta injusticia. La ciudad se embellece para unos, mientras expulsa a otros hacia los márgenes de la miseria. Medellín, celebrada internacionalmente como ejemplo de innovación y transformación urbana, se encuentra atrapada en una paradoja: mientras se erige como vitrina global de progreso y es catalogada como una de las ciudades más apetecidas de Latinoamérica, en su interior persiste una lógica excluyente que empuja a las poblaciones vulnerables a abandonar no solo sus hogares, sino también la memoria y las formas de vida que allí habían construido. La “hojarasca del desarrollo”, en este caso, no fertiliza la ciudad, sino que la despoja de su diversidad vital y cultural.

El trasfondo de esta problemática nos remite al mismo origen de la propiedad privada: aquello que en un inicio fue común y necesario para todos (la tierra, el agua, los recursos vitales) se transformó con el tiempo en objeto de apropiación y acumulación desigual. Así, lo que debería garantizar la vida digna de todos termina distribuido de manera que unos pocos concentran demasiado y otros apenas acceden a lo mínimo, cuando no a nada. Paradójicamente, el ser humano no requiere tanto para vivir con dignidad: un techo, alimento suficiente (que en gran parte hoy se desperdicia antes de alimentar una sola boca) y un abrigo. Lo demás pertenece al ámbito del sentido, de la posibilidad de construir una vida plena en comunidad, un derecho que, sin embargo, parece ser relegado en nombre de un “progreso” que expulsa y margina.


lunes, 1 de septiembre de 2025

Como esclavo y criminal, así reciben a los inmigrantes en USA

 

Como esclavo y criminal, así reciben a los inmigrantes en USA


The finger to the land of the chains                                                                                                   
What? the land of the free?                                                                                                            
Whoever told you that is your enemy!

                    R.A.T.M







Por Jhonny Estrada

Hace dos años Diego se desplazó como migrante hacia los Estados Unidos tras el sueño americano, junto con su esposa y otros familiares, entre ellos un menor de edad. Partieron de Medellín- Colombia huyendo de diferentes problemas, unos económicos y otros desencadenados por la violencia, con la ilusión de que en dicho país mejorarían sus condiciones de vida. Para costear su viaje, Diego tomó todos sus ahorros, además vendió el carro y la moto, y apostó todo a ese destino soñado. No obstante, aunque logró llegar y laborar allí por dos años, hace dos meses que retornó a Medellín por voluntad propia, evitando ser deportado y volver a vivir las experiencias deshumanizantes que son aplicadas a los migrantes, y de las cuales se sentía supremamente cansado. Aquí Diego nos cuenta su experiencia de migración hacia el país de destino y el retorno indirectamente forzado a su país de origen:

Yo no me fui por el Darién, por ahí se van los que no tienen plata. Yo me fui en un avión que hizo escala en Panamá y luego voló hasta México; cuando llegamos, como ya teníamos todo cuadrado con el contacto, nos encontramos con él y nos llevó al hotel. ¡Esa es una mafia muy brava! A uno le quitan toda la plata, la cédula, todos los papeles, y le van dando la plata que va necesitando. Allá en el hotel salí dos veces a comprar unas cosas a la calle, ahí mismo, el man que estaba en el hotel recibió una llamada de Estados Unidos, para que me dijera que no saliera tanto a la calle y menos de noche, porque me podían secuestrar.

Esos manes allá mantienen todo vigilado, uno no se da cuenta quienes son, pero saben todo lo que uno hace o deja de hacer, miran que uno no vaya a ser un policía. Luego nos dijeron, ¡vamos a sacar la plata que ya los vamos a pasar! Parce, llegaron unos carros a recogernos y cuando fuimos a retirar la plata, la que nos atendió nos preguntó, ¿dónde están? Respondimos, en tal hotel, en tal parte, ¿cuál es el código postal? y nosotros no lo sabíamos, entonces no nos quería entregar la plata. Una supervisora que había ahí vio a esos manes en los carros y le hicieron como una seña y ella toda asustada le dijo a la cajera ¡home, deje de preguntar tantas cosas y entrégale la plata a esa gente para que se vayan rápido! Imagínese el miedo que le tienen a esos manes.

Ahí les entregamos como 15 mil dólares entre mi pareja y yo, la cuñada y el niño y otro man. Entonces nos recogieron unas viejas en un carrito chiquito, no cabíamos, nos tocó acomodarnos unos encima de otros y hasta en el suelo. Arrancamos, cuando por allá un retén, preguntaron santo y seña y nos dejaron seguir… Usted se imagina cuánta plata mueve esa gente para asegurar el circuito… es mucha… Nos llevaron hasta Reinosa para de ahí llevarnos a Río Bravo, nos dijeron esperen aquí y comenzaron a llegar de a 20 migrantes que los iban trayendo esos manes; cuando ya había como 100 llegó un bus grande amarillo y nos montaron a todos. Nos llevaron a la orilla del río y nos comenzaron a pasar, al otro lado ya estaban los gringos esperándonos con policía y todo.

Cuando pasé, uno me dijo ¡Ven yo ayudar a ti! y claro, es que a ellos les dan plata por eso. Entonces nos hicieron botar todo, las maletas con la ropa y solo quedamos con lo que teníamos puesto y nos llevaron para una cárcel que llaman la nevera. Allí nos tomaron huellas digitales y separaron a los hombres de las mujeres; ahí estuvimos como 5 días, a mi compañera, a la cuñada y al niño los dejaron salir, les preguntaron quiénes los iban a recibir y que llamaran para que les compraran los tiquetes. A mí me esposaron de manos y pies y me llevaron a otra cárcel, allá no teníamos derecho nada, no podíamos bañarnos ni teníamos donde hacer las necesidades. Después me llevaron a otra cárcel y me dieron una tarjeta, un número y me dejaron llamar a los familiares que me iban a recibir para que compraran el tiquete de avión.

Una vez estuve libre en Estados Unidos, comencé a trabajar en un local de hamburguesas manejando la parrilla, trabajaba de 5 de la tarde a 5 o 6 de la mañana, ganaba mil dólares semanales. La gente cree que con eso a uno le da para enviar plata para Colombia; siempre me preguntan qué trajo home y no cuánto quedé debiendo. Me tocaba sacar 400 dólares semanales para comprar un carro que me costó 6 mil dólares, porque era necesario, los viajes eran muy largos en bus para llegar al sitio de trabajo, se demoraba casi 5 horas. Con el resto de plata pagaba arriendo y compraba la comida, allí todo es caro y por todo lo que compras te cobran un impuesto. Por el solo hecho de ser migrante me pagaban 15 dólares por hora, mientras a los ciudadanos norteamericanos les pagaban 45 dólares, y cuando uno iba a comprar en un supermercado las cajeras lo trataban como un criminal, tenían mucha rabia hacia los migrantes. Yo me decía: ¡Hp que estoy haciendo aquí! Acá son unas chandas”.

Yo había tenido que conseguir papeles falsos para poder trabajar y cuando Trump asumió la presidencia me asusté mucho, porque eso daba 10 años de cárcel. Cuando comenzó ese proceso de deportación a los migrantes me llamaron y me citaron con un juez. Era un puertorriqueño y yo le caí bien porque le gustaba mucho Colombia. Entonces me dijo: no te va a gustar lo que voy a hacer, y me puso un dispositivo en el pie con el que me podían ubicar donde estuviera (lo cuenta entre lágrimas); me dijo que podía esperar el proceso de deportación o irme por cuenta propia, pero entonces tenía que mostrarle los tiquetes comprados. Yo le dije que sí, que yo me iba. Cuando salí de ahí conseguí los tiquetes, se los mostré al juez y como a los 15 días me vine, porque si me deportaban se daban cuenta de los papeles falsos y hoy estuviera encanado. Hace 2 meses estoy en Medellín y aún estoy intentando vender el carro que dejé en Estados Unidos, pues de todo esto quedé debiendo 60 millones.

All of wich are American Dreams!

All of wich are American Dreams!

All of wich are American Dreams!

All of wich are American Dreams!


De palabras y silencios

En un mundo de plástico y ruido, quiero ser de barro y de silencio

E. Galeano

De palabras y silencios

Buscar silencio sobre la faz de la tierra parece inútil. Ni siquiera los muertos lo encuentran, pues sobre su materia inerte se ciernen lamentos, rezos e improperios.

Ojalá tampoco lo haya en las conciencias de quienes callan mientras caen las bombas, o resuenan las famélicas entrañas de los pueblos que mueren de hambre, olvido e indiferencia.

Las balas que silencian a unos son motivo para la alharaca proselitista de otros.

Las piadosas plegarias que no pasan del techo de los templos; las denuncias enérgicas y las protocolarias muestras de rechazo de la burocracia mundial; las palabras tejidas en éste y en todos los poemas… ¿son inútiles?

¿No hay palabras que logren silenciar los fusiles y las conciencias de los urdidores de muerte y fortuna?

En el creciente desierto humano reina el estruendoso silencio de Dios.

C. Carmona Salas.

 


domingo, 17 de agosto de 2025

El Símbolo

Por Juan Pablo Pinillos

Un círculo cromático nutrido de colores, entre ellos un color neutro: negro. Como la oscuridad, los cuervos, un hoyo profundo, la nada y como el universo. ¿Y si en realidad todo es negro y solo son los rayos del Sol los que pintan la realidad? Sería incrédulo pensar eso, las córneas de nuestros ojos no son un instrumento fiable para percibir la anhelada realidad, hay cientos de colores que nunca hemos visto y probablemente ni veremos. No ver la realidad ni con nuestros propios ojos... En ese orden de ideas, el color negro y en general todos los colores, no son más que una perspectiva subjetiva fácilmente refutable, que hace visible y material solo una pequeña parte del universo de colores que existen y no tenemos acceso.

Un círculo cromático nutrido de colores, entre ellos un color neutro: negro. Como las cruces negras que la gente tiene marcadas en su frente, hoy miércoles de ceniza del 2025 y que son, en esencia, un símbolo.   

Siluetas rectas trazan los límites de unas formas regulares, son las figuras geométricas y lo implícito que dichas formas encierran, entre ellas el transformador de dimensiones: la línea. Como el horizonte y como el destello de una estrella fugaz, un segmento puede ser el firmamento sobre el que una galaxia de figuras vuela para escapar de la efímera existencia. Un círculo cromático nutrido de colores y un campo de visiones repleto de figuras; colores y líneas. Líneas curvas como los rieles del tren sobre el que me transporto, que se mueven a un lado y al otro conforme el metro flanquea el Valle de Aburrá con un sonido más eléctrico que mecánico, en cuyos vagones las voces y los susurros de los pasajeros trazan el halo de la sociedad, muchos de ellos con un par de líneas en sus frentes. Un círculo cromático repleto de colores, un campo de visiones repleto de figuras y en las frentes de los pasajeros cruces de ceniza que son, en esencia, un símbolo. ¿Qué es un símbolo? Colores y líneas.

¿En dónde finalizan los colores y líneas para dar inicio al símbolo? ¿Son los símbolos lo que significaron primeramente o el significado que les da el contexto sociohistórico? ¿Son los símbolos un código para transmitir información de una manera tan dinámica, tal como un lenguaje lo es a una sociedad? ¿Son los símbolos evolutivos o adaptativos? Los colores y líneas pasan a ser un símbolo en el momento en que en la mente de un individuo surge la creatividad para ver más allá de lo que los ojos pueden ver, el momento en que de una imagen germina el imaginario y un significado se manifiesta de manera inherente al símbolo, de la misma manera en que la calma transmite la quietud. Aún así, el mero hecho de que un individuo cree un símbolo no lo hace automáticamente perceptible y entendible al resto de individuos de una sociedad, ya que personaje A puede crear un símbolo, pero al momento en que personaje B interactúe con dicho símbolo, puede no entenderlo y restarle importancia o incluso ni reconocerlo e ignorar completamente su existencia. Sin embargo, que un símbolo no tenga validez por parte de una sociedad no desmerita su existencia. El símbolo tiene su inicio en la visión del individuo, donde el imaginario es inspirado por una serie de colores y líneas que le dan vida al concepto hecho figura, con tanta validez, en cuanto a materialización en la realidad, como el mismo individuo en donde todo este proceso creativo y cognitivo se desarrolla.

Si bien la existencia de un símbolo es tan válida como la misma persona de quien surge el símbolo, el hecho de que dicha figura se mantenga en el tiempo sin sufrir ninguna transfiguración depende de muchos factores que pueden sobrepasar incluso las capacidades de control del mismo creador. La adaptación de un símbolo es clave en la fase de vida del mismo, puesto que definirá si dicha figura puede llegar a representar todo un manifestar colectivo o quedarse simplemente como una figura representativa de un pensamiento metafórico en la mente del individuo.

La adaptación de una figura simbólica podría depender de diversos factores, pero principalmente se puede encauzar en dos: el contexto histórico-cultural y la manera en que se tenga un acercamiento con lo que representa el imaginario colectivo desde el aspecto de diseño y visuales. Habrá contextos histórico-culturales donde el símbolo surja orgánicamente entre el latir colectivo, habrá otros donde se adapte una figura ya existente o se le resignifique y habrá otros donde sea una imposición artificial contraria al designio y la voluntad propia. Un símbolo adherible al contexto colectivo tiene una buena recepción y una posible futura buena adaptación, dependiendo ciertamente de cómo se haya tenido el acercamiento desde el aspecto de, al fin y al cabo, qué tan estético y útil es el símbolo. Se entiende útil, en el contexto del símbolo, aquella figura que satisfaga unas necesidades estrictamente específicas, como por ejemplo un signo de rebeldía en el contexto de una sociedad reprimida bajo un régimen autoritario que necesita expresar un mensaje de manera masiva pero camuflada. En resumen, la adaptación colectiva sobre una figura simbólica radica en el entorno donde surge dicho símbolo y la manera en que la colectividad tenga acercamiento a dicho símbolo, generando un vínculo y en últimas un significado inherente a este. 

Al fin y al cabo, los símbolos son un medio más para transmitir información como lo es el mismo lenguaje, con la característica singular de que el código usado en el símbolo son figuras visuales y no fonemas, pero cuyo mensaje puede traspasar incluso las leyes de la física del sonido y los significados de lo hablado. El lenguaje es una entidad viva que no es estática y que tiene tantos dinamismos y cambios, como sus hablantes al habitar una civilización tan afanada y globalizada, puedan llegar a tener. El mismo lenguaje castellano se ha adaptado conforme se iba expandiendo y adquiría cada vez más hablantes, teniendo en consecuencia mutaciones en el mismo debido al nuevo contexto histórico-cultural de los nuevos hablantes y otros factores lingüísticos como las variables geográficas y su impacto en la fonética. 

El símbolo, al igual que otras formas de comunicar, es un ente que evoluciona a partir delas modificaciones que una población hace a esta entidad, en base al contexto histórico-cultural con el que la población se adapte, otorgando un uso y un significado inherente propio, arraigado a la colectividad y cultura local.

Si bien es cierto que el símbolo puede llegar a ser la encarnación del concepto de la colectividad, de igual manera la simbología ha sido una de las vías por las cuales el odio de la humanidad se ha destilado para converger en otros contextos histórico-culturales donde se justifican accionares brutal y despiadadamente inhumanos. En este tipo de contextos histórico-culturales las figuras representan una figura sobre la cual señalar, desde moralmente hasta militarmente, a otro individuo o incluso una sociedad completa, por motivos tan diversos como la etnia, religión o posición social del grupo reprimido frente al grupo opresor. Lastimosamente en estos escenarios los principios del símbolo también son aplicados, incluso de una manera meticulosamente organizada y enfocada, debido a que se suprime la colectividad y un ente central gestiona "más eficientemente" los aparatos del poder y control de las instituciones necesarias, para ejercer a favor de los intereses únicamente de aquel ente centralizado, en ocasiones en forma de "gobierno" totalitarista o en forma de un poderoso conglomerado empresarial. Son estos dos últimos quienes modifican el símbolo a partir de las adaptaciones que hagan para controlar y manipular el colectivo, con el fin de controlar la narrativa. Dicen que los ganadores escriben la historia, pero realmente es el escriba y el dueño del tintero.

En conclusión. 

Los individuos y sociedades en su naturaleza de comunicarse han desarrollado y usado diferentes formas de expresión, formas de expresión que al emplearse evolucionan a partir de las adaptaciones que individuos y sociedades aplican según su contexto. Paralelo a otros métodos de comunicación como el lenguaje, el símbolo ha surgido como materialización del imaginario individual o colectivo para no solo representar, sino también encausar, una idea, pensamiento, acción, significante o filosofía sin el uso de una sola palabra. La materialización del concepto del símbolo puede aplicarse en tantos ámbitos como se necesite, que puede llegar a cruzar los límites de lo moral o lo bello y ser el caldo de cultivo de un movimiento colectivo, que traspasa las fronteras, los lenguajes y el tiempo.

domingo, 15 de junio de 2025

El Parlache, El Juego De Los Marginados.


Por: Wilder Carmona

En la ciudad de Medellín a finales de los años 80’s,  los jóvenes de las clases marginales crearon un dialecto que provocaría más adelante cambios lingüísticos y la apropiación de un lenguaje popular por parte de esos mismos sectores, como lo describe Luz Stella Castañeda (2005): “ Se trata de un lenguaje urbano, muy creativo, que expresa sin pudores ni temores la nueva realidad que viven amplios sectores de la sociedad medellinense y colombiana.” (p.78.). Cuando se dice creativo  podemos empezar a hacernos la idea de su riqueza en cuanto a “juego del lenguaje” en donde los jóvenes inventaron nuevos nombres y formas para referirse a los diversos objetos o situaciones, con ciertas reglas de fondo que facilitaban la comprensión entre sus participantes, pero ¿ De dónde provenían las reglas de ese “juego”?



Si se aspira a participar en un juego se deben conocer previamente sus reglas para no ser penalizado y conseguir entender su sentido, así pues los jóvenes de aquella época se valieron del uso que se le da a nuestro idioma castellano para empezar a denominar los elementos cotidianos, por ejemplo, a varias palabras le cambiaron el orden de sus sílabas como a Camisa = Misaca o Bogotá = Tabogo, otras conservaban sólo su primera sílaba, Nada = Naranjas-Natilla, también resultaron expresiones de acuerdo al contexto, Pasar de agache = Sortear una situación sin llamar la atención, pero como vemos todas las palabras pueden ser interpretadas según ciertas reglas del lenguaje que ya están implícitas, haría falta entonces de cierta perspicacia o intuición para descifrar su uso dentro del juego, he aquí lo divertido del asunto ¡un acertijo!


Lo curioso siempre será la naturaleza  variable del lenguaje dependiendo de las situaciones del entorno donde es utilizado, en Medellín por aquella época se respiraba un ambiente de desolación implantado por el narcotráfico y las guerras urbanas, también las pocas oportunidades y el crecimiento excesivo de la población a raíz de la migración campesina cambiaron a la ciudad para siempre junto con lo que respecta a su lenguaje, surgió entonces el dialecto de los marginados. 


Las condiciones de vida que se sorteaban por esos días originaron una atmósfera hostil en la ciudad, todos sospechaban de todos y muchas personas fueron asesinadas por hablar imprudentemente, había cierto recelo entre los mismos habitantes que quizás suscitó el encriptamiento de las comunicaciones y la creación de un lenguaje diferente. Acción que nos pertenece como humanos es por tanto la inventiva en medio de las adversidades, que  según Wittgenstein (1967): “ Se dice a veces: los animales no hablan porque les falta la capacidad mental. Y esto quiere decir: “no piensan y por eso no hablan”. Pero: simplemente no hablan. O mejor: no emplean el lenguaje, si prescindimos de las formas más primitivas del lenguaje. Ordenar, preguntar, relatar, charlar pertenecen a nuestra historia natural tanto como andar, comer beber, jugar” (p.187.).  El hombre ha creado su propio lenguaje y lo reinventa de vez en vez según sus propias necesidades a diferencia de los animales, que tienen sistemas de comunicación dependientes  de su instinto y de las herramientas que les ha proveído la misma naturaleza, situación que ha permanecido inalterable desde hace millones de años, por tal razón las personas desde la creatividad reconstruyen el edificio del lenguaje pero sin dejar de vista los cimientos que se fundamentan en las reglas de ese juego.   


En el Medellín de aquel entonces las personas de las clases populares tal vez no eran conscientes de su participación en un juego que más adelante influenciaría a todo un país, pues la mayor parte de los colombianos en otras regiones han incorporado en su lenguaje coloquial expresiones del parlache, aquí podríamos hablar de una forma de vida o entramado social en el cual todos sus individuos comparten actividades y costumbres, circunstancia que dio lugar a la aparición del entorno propicio para el adiestramiento de todos los participantes del juego, es evidente que la situación que vivía Medellín también repercutió en el resto del país y eventualmente cada individuo iría adoptando al parlache dentro de su propio lenguaje.


Los problemas que reinaban por aquella época crearon en la mente de los jóvenes originarios de los sectores marginales una visión de mundo totalmente diferente a la de las clases media y alta, y desde su  nueva perspectiva inventaron nuevas palabras que conservaban en el fondo cierto sentido lúdico, pues  lo curioso del asunto fue que las palabras inventadas mantuvieron algún parentesco con las formas tradicionales del lenguaje, tal condición Wittgenstein (1967) la nombra en las investigaciones cuando dice: “ ¿Por qué llamamos a algo número? Bueno, quizá porque tenga un parentesco directo con varias cosas que se han llamado números hasta ahora; y por ello, puede decirse, obtiene un parentesco indirecto con otras que también llamamos así. Y extendemos nuestro concepto de número como cuando al hilar trenzamos una madeja hilo a hilo. Y la robustez de la madeja no reside en que una fibra cualquiera recorra toda su longitud, sino en que se superpongan muchas fibras” (p.229.)  Así mismo muchas palabras fueron creadas desde un concepto unívoco en relación con los diferentes contextos como veremos a continuación. 


En las iglesias de la antigüedad había un encargado de hacer repicar las campanas con el fin de dar aviso o anunciar algo, el campanero,  así mismo se nombró en el parlache al que advertía con algún sonido el arribo de la ley a los barrios donde se realizaba el expendio de drogas. También utilizaban muchas onomatopeyas, por ejemplo en vez de la palabra  “balacera” decían “tastaseo”  haciendo referencia al ¡taz-taz! o ruido que producen las armas al ser disparadas y de ese mismo contexto surgió la palabra “traqueto” para referirse a la persona que está inmersa dentro del mundo de las armas y la mafia con la onomatopeya ¡traque! En el uso de las palabras y la invención de las mismas podemos evidenciar una especie de juego muy original y didáctico, tanto así que otros países de habla hispana reconocen esta curiosidad en el lenguaje común de la región antioqueña que ha sido muy difundido a través de series y novelas de narcos.          


Es muy común encontrar comunidades que dependiendo de sus procesos históricos, fueron incluyendo en su lenguaje nuevos modismos o expresiones para  así crear dialectos que se transforman en  nuevos idiomas, por eso la importancia de aceptar la flexibilidad en el lenguaje y sobretodo de desligar las palabras de su significado porque ellas son como las personas, mientras unas mueren otras nacen, por algo son incluidas en la RAE cada vez  más  palabras y con frecuencia encontramos varias formas de nombrar a un objeto dentro de un mismo idioma, caso específico le ocurre al Español y su riqueza lexical gracias al aporte de las diversas culturas colonizadas por los ibéricos. 


Muchas palabras del parlache ya fueron incluídas en la RAE lo que nos da testimonio del carácter no fijo del lenguaje: “ la expresión  “juego de lenguaje”  debe poner de relieve aquí que hablar el lenguaje forma parte de una actividad o forma de vida” (p.185.) Mientras el hombre permanezca vivo continuará  transformándose  junto con su lenguaje, la interacción entre semejantes da pie para la inventiva de nuevos juegos del lenguaje de acuerdo a la demanda de las comunicaciones. Quizás en un futuro será necesario jugar con otra forma de vida inteligente donde tan sólo sea cuestión de llegar a un acuerdo en las reglas.




Bibliografía


  • Luz Stella Castañeda. (2005). El Parlache: Resultados de una investigación lexicológica, facultad de comunicaciones, Universidad de Antioquia. Bogotá. FORMA Y FUNCIÓN 

 

  • Ramiro Montoya. (2001).  El parlache, Jerga de marginados.  Madrid. VISION LIBROS. 


  • Ludwig Wittgenstein. (1967). Investigaciones filosóficas. Inglaterra.  

sábado, 31 de mayo de 2025

Escritores en los barrios populares

Por: Jhonny Estrada   


“De todo elemento el hombre es un creador”

(Víctor Jara)

Entre los caseríos de los ninguneados, cubiertos por el anonimato en medio de las masas homogéneas, viven laboriosos escritores que intentan pintar con palabras mundos mejores, enseñanzas y esperanzas, que incluso se convierten en un motor para sí mismos. Las palabras, creadoras de mundo, devienen también como horizontes donde la utopía tiene posibilidad. Qué bueno es saber que en los barrios de la ciudad demoledora que es Medellín, absorbida por el pragmatismo de la ganancia, existen soñadores que, lejos de algún nexo con lo académico, dedican parte de su actividad a la creación literaria.

En esta sociedad, cristalizada y pasiva de los humanos cansados, escriben sin importar los límites de sus condiciones materiales, demostrando que dicha creación no es solo una actividad de burgueses. Escritores, que pasan desapercibidos tras la cara de cualquier proletario y puede ser alguien comiendo empanadas en la esquina de un barrio pobre, el trabajador que pasa de vuelta a su hogar cargando una pesada maleta, o, un caddie, que baja de la ladera y contrasta en un espacio donde solo escriben números.

Este es el caso de Cisco o el Cocis, compañero de trabajo, quien es un experto gozando de jugar con las palabras. A veces, llega saludando ¡entonces que chachomus! Y de vez en cuando nos canta una canción al revés. El, hace algunos años, viene escribiendo cuentos y poemas, no con la intención de ser famoso, sino inmerso en la pasión de crear y entregar un mensaje. Su nombre es Francisco Javier Gutiérrez Restrepo, nació en Medellín el 29 de mayo de 1964, tiene 60 años y ha vivido toda su vida en Belén Rincón. 

Comenta que cuando nació el sector aun tenía las calles de barro y no estaba tan habitado: “Crecí en una época donde se vivía tranquilo, los muchachos éramos muy ceñidos a las reglas del hogar, entonces a las 6 pm nos entrábamos para la casa como regla principal. Ya a las 7 se veía muy poquita gente en la calle, además porque todo era oscuro y no había electricidad, ni lámparas de alumbrado público. Por eso nos daba miedo también, porque los papás a uno le contaban historias, de la pata sola, la madre monte, la mano peluda, el cura sin cabeza”.

Cisco ha conformado su familia habitando el sector La Capilla, del mismo barrio, y comenta que apenas hace más o menos 7 años comenzó el hábito de la escritura. Dice: “En mi juventud yo no escribía poesías, pero era muy enamorado y conquistaba las peladas escribiéndoles cartas de amor. Ya esto de escribir poesías y cuentos empecé después, siendo una persona casada, con hijos… y todo comenzó, en una época donde me sentía vacío y decidí conocer más profundamente de Dios. Ahí fue que me di cuenta que podía escribir, y comencé principalmente escribiendo canciones netamente inspiradas en él, porque Dios me enseñó el verdadero amor. Él me regaló entre 40 y 50 canciones todas inspiradas en una buena enseñanza, al igual que mis cuentos y mis poemas están inspirados en las cosas de Dios, en la mujer, en mi madre”.

Sin embargo, Cisco no solo ha creado en sentido literario, también ha trabajado por un mejor mundo dentro de su comunidad. El, que fue reconocido en el barrio por ser un buen futbolista, creó una escuela de fútbol en la que fue instructor muchos años.  “Cree una escuela, un club deportivo acá en La Capilla, estuve sirviendo como instructor a los niños y jóvenes de 5 a 18 años, llegamos a tener más de 200 integrantes. Con ellos teníamos una actividad donde no todo era fútbol, sino que también les mostrábamos películas, documentales, les traíamos expositores, pues no buscábamos que solo fueran futbolistas, sino que, ante todo, fueran buenas personas”.

El objetivo de la obra literaria de Cisco es que llegue a muchos corazones el mensaje que ella contiene. “Me he presentado en muchas convocatorias y concursos para publicación, tengo un libro de cuentos que se llama Milagros Divinos basado en la experiencia de milagros a través de personas, ahí tengo cuentos cortos y cuentos largos con los que podrían hacer una película, tales como: El Paraíso es Real, Yo También Estuve Allí, Amigos por Siempre, Guarden su Corazón, o poesías como El Ángel que Siempre Tuve dedicado a mi madre, porque me di cuenta que a las personas y sobre todo a la madre hay que apreciarla y quererla en vida, porque… ¿Para qué cosas después de uno estar muerto? Pronto la voy a hacer pública, espero que les guste, tiene unos versos muy bonitos”.

Cisco difunde su obra por Tik Tok, donde lo pueden encontrar como “Cocis20” y allí sus cuentos y poemas. Su seudónimo es así, porque aparte de escribir cosas bonitas también le gusta hablar al revés, que es algo que aprendió en el barrio, como parte de un argot callejero. “Por eso he aprendido varias canciones que las puedo cantar al revés. Pero… yo me lo tomo como parte de un juego”. A propósito, en la obra de Cocis puedes encontrar cuentos que no tienen que ver directamente con Dios, tales como Hay Amá Como Te Quería mi Apá, que está inspirado más en situaciones de la vida cotidiana en el barrio, en lo que pasa en la calle. Así pues, tenemos un personaje que se apoya en la palabra para crear el mundo que acompaña sus acciones; pero, además, resulta interesante reflexionar en torno a apreciar la madre en vida y contrastarlo con la relación con Dios y su cuento El paraíso es Real, pues quizás más que una posibilidad, se pueda vislumbrar la necesidad de hacer el paraíso en la tierra.