lunes, 1 de septiembre de 2025

Como esclavo y criminal, así reciben a los inmigrantes en USA

 

Como esclavo y criminal, así reciben a los inmigrantes en USA


The finger to the land of the chains                                                                                                   
What? the land of the free?                                                                                                            
Whoever told you that is your enemy!

                    R.A.T.M







Por Jhonny Estrada

Hace dos años Diego se desplazó como migrante hacia los Estados Unidos tras el sueño americano, junto con su esposa y otros familiares, entre ellos un menor de edad. Partieron de Medellín- Colombia huyendo de diferentes problemas, unos económicos y otros desencadenados por la violencia, con la ilusión de que en dicho país mejorarían sus condiciones de vida. Para costear su viaje, Diego tomó todos sus ahorros, además vendió el carro y la moto, y apostó todo a ese destino soñado. No obstante, aunque logró llegar y laborar allí por dos años, hace dos meses que retornó a Medellín por voluntad propia, evitando ser deportado y volver a vivir las experiencias deshumanizantes que son aplicadas a los migrantes, y de las cuales se sentía supremamente cansado. Aquí Diego nos cuenta su experiencia de migración hacia el país de destino y el retorno indirectamente forzado a su país de origen:

Yo no me fui por el Darién, por ahí se van los que no tienen plata. Yo me fui en un avión que hizo escala en Panamá y luego voló hasta México; cuando llegamos, como ya teníamos todo cuadrado con el contacto, nos encontramos con él y nos llevó al hotel. ¡Esa es una mafia muy brava! A uno le quitan toda la plata, la cédula, todos los papeles, y le van dando la plata que va necesitando. Allá en el hotel salí dos veces a comprar unas cosas a la calle, ahí mismo, el man que estaba en el hotel recibió una llamada de Estados Unidos, para que me dijera que no saliera tanto a la calle y menos de noche, porque me podían secuestrar.

Esos manes allá mantienen todo vigilado, uno no se da cuenta quienes son, pero saben todo lo que uno hace o deja de hacer, miran que uno no vaya a ser un policía. Luego nos dijeron, ¡vamos a sacar la plata que ya los vamos a pasar! Parce, llegaron unos carros a recogernos y cuando fuimos a retirar la plata, la que nos atendió nos preguntó, ¿dónde están? Respondimos, en tal hotel, en tal parte, ¿cuál es el código postal? y nosotros no lo sabíamos, entonces no nos quería entregar la plata. Una supervisora que había ahí vio a esos manes en los carros y le hicieron como una seña y ella toda asustada le dijo a la cajera ¡home, deje de preguntar tantas cosas y entrégale la plata a esa gente para que se vayan rápido! Imagínese el miedo que le tienen a esos manes.

Ahí les entregamos como 15 mil dólares entre mi pareja y yo, la cuñada y el niño y otro man. Entonces nos recogieron unas viejas en un carrito chiquito, no cabíamos, nos tocó acomodarnos unos encima de otros y hasta en el suelo. Arrancamos, cuando por allá un retén, preguntaron santo y seña y nos dejaron seguir… Usted se imagina cuánta plata mueve esa gente para asegurar el circuito… es mucha… Nos llevaron hasta Reinosa para de ahí llevarnos a Río Bravo, nos dijeron esperen aquí y comenzaron a llegar de a 20 migrantes que los iban trayendo esos manes; cuando ya había como 100 llegó un bus grande amarillo y nos montaron a todos. Nos llevaron a la orilla del río y nos comenzaron a pasar, al otro lado ya estaban los gringos esperándonos con policía y todo.

Cuando pasé, uno me dijo ¡Ven yo ayudar a ti! y claro, es que a ellos les dan plata por eso. Entonces nos hicieron botar todo, las maletas con la ropa y solo quedamos con lo que teníamos puesto y nos llevaron para una cárcel que llaman la nevera. Allí nos tomaron huellas digitales y separaron a los hombres de las mujeres; ahí estuvimos como 5 días, a mi compañera, a la cuñada y al niño los dejaron salir, les preguntaron quiénes los iban a recibir y que llamaran para que les compraran los tiquetes. A mí me esposaron de manos y pies y me llevaron a otra cárcel, allá no teníamos derecho nada, no podíamos bañarnos ni teníamos donde hacer las necesidades. Después me llevaron a otra cárcel y me dieron una tarjeta, un número y me dejaron llamar a los familiares que me iban a recibir para que compraran el tiquete de avión.

Una vez estuve libre en Estados Unidos, comencé a trabajar en un local de hamburguesas manejando la parrilla, trabajaba de 5 de la tarde a 5 o 6 de la mañana, ganaba mil dólares semanales. La gente cree que con eso a uno le da para enviar plata para Colombia; siempre me preguntan qué trajo home y no cuánto quedé debiendo. Me tocaba sacar 400 dólares semanales para comprar un carro que me costó 6 mil dólares, porque era necesario, los viajes eran muy largos en bus para llegar al sitio de trabajo, se demoraba casi 5 horas. Con el resto de plata pagaba arriendo y compraba la comida, allí todo es caro y por todo lo que compras te cobran un impuesto. Por el solo hecho de ser migrante me pagaban 15 dólares por hora, mientras a los ciudadanos norteamericanos les pagaban 45 dólares, y cuando uno iba a comprar en un supermercado las cajeras lo trataban como un criminal, tenían mucha rabia hacia los migrantes. Yo me decía: ¡Hp que estoy haciendo aquí! Acá son unas chandas”.

Yo había tenido que conseguir papeles falsos para poder trabajar y cuando Trump asumió la presidencia me asusté mucho, porque eso daba 10 años de cárcel. Cuando comenzó ese proceso de deportación a los migrantes me llamaron y me citaron con un juez. Era un puertorriqueño y yo le caí bien porque le gustaba mucho Colombia. Entonces me dijo: no te va a gustar lo que voy a hacer, y me puso un dispositivo en el pie con el que me podían ubicar donde estuviera (lo cuenta entre lágrimas); me dijo que podía esperar el proceso de deportación o irme por cuenta propia, pero entonces tenía que mostrarle los tiquetes comprados. Yo le dije que sí, que yo me iba. Cuando salí de ahí conseguí los tiquetes, se los mostré al juez y como a los 15 días me vine, porque si me deportaban se daban cuenta de los papeles falsos y hoy estuviera encanado. Hace 2 meses estoy en Medellín y aún estoy intentando vender el carro que dejé en Estados Unidos, pues de todo esto quedé debiendo 60 millones.

All of wich are American Dreams!

All of wich are American Dreams!

All of wich are American Dreams!

All of wich are American Dreams!


De palabras y silencios

En un mundo de plástico y ruido, quiero ser de barro y de silencio

E. Galeano

De palabras y silencios

Buscar silencio sobre la faz de la tierra parece inútil. Ni siquiera los muertos lo encuentran, pues sobre su materia inerte se ciernen lamentos, rezos e improperios.

Ojalá tampoco lo haya en las conciencias de quienes callan mientras caen las bombas, o resuenan las famélicas entrañas de los pueblos que mueren de hambre, olvido e indiferencia.

Las balas que silencian a unos son motivo para la alharaca proselitista de otros.

Las piadosas plegarias que no pasan del techo de los templos; las denuncias enérgicas y las protocolarias muestras de rechazo de la burocracia mundial; las palabras tejidas en éste y en todos los poemas… ¿son inútiles?

¿No hay palabras que logren silenciar los fusiles y las conciencias de los urdidores de muerte y fortuna?

En el creciente desierto humano reina el estruendoso silencio de Dios.

C. Carmona Salas.

 


domingo, 17 de agosto de 2025

El Símbolo

Por Juan Pablo Pinillos

Un círculo cromático nutrido de colores, entre ellos un color neutro: negro. Como la oscuridad, los cuervos, un hoyo profundo, la nada y como el universo. ¿Y si en realidad todo es negro y solo son los rayos del Sol los que pintan la realidad? Sería incrédulo pensar eso, las córneas de nuestros ojos no son un instrumento fiable para percibir la anhelada realidad, hay cientos de colores que nunca hemos visto y probablemente ni veremos. No ver la realidad ni con nuestros propios ojos... En ese orden de ideas, el color negro y en general todos los colores, no son más que una perspectiva subjetiva fácilmente refutable, que hace visible y material solo una pequeña parte del universo de colores que existen y no tenemos acceso.

Un círculo cromático nutrido de colores, entre ellos un color neutro: negro. Como las cruces negras que la gente tiene marcadas en su frente, hoy miércoles de ceniza del 2025 y que son, en esencia, un símbolo.   

Siluetas rectas trazan los límites de unas formas regulares, son las figuras geométricas y lo implícito que dichas formas encierran, entre ellas el transformador de dimensiones: la línea. Como el horizonte y como el destello de una estrella fugaz, un segmento puede ser el firmamento sobre el que una galaxia de figuras vuela para escapar de la efímera existencia. Un círculo cromático nutrido de colores y un campo de visiones repleto de figuras; colores y líneas. Líneas curvas como los rieles del tren sobre el que me transporto, que se mueven a un lado y al otro conforme el metro flanquea el Valle de Aburrá con un sonido más eléctrico que mecánico, en cuyos vagones las voces y los susurros de los pasajeros trazan el halo de la sociedad, muchos de ellos con un par de líneas en sus frentes. Un círculo cromático repleto de colores, un campo de visiones repleto de figuras y en las frentes de los pasajeros cruces de ceniza que son, en esencia, un símbolo. ¿Qué es un símbolo? Colores y líneas.

¿En dónde finalizan los colores y líneas para dar inicio al símbolo? ¿Son los símbolos lo que significaron primeramente o el significado que les da el contexto sociohistórico? ¿Son los símbolos un código para transmitir información de una manera tan dinámica, tal como un lenguaje lo es a una sociedad? ¿Son los símbolos evolutivos o adaptativos? Los colores y líneas pasan a ser un símbolo en el momento en que en la mente de un individuo surge la creatividad para ver más allá de lo que los ojos pueden ver, el momento en que de una imagen germina el imaginario y un significado se manifiesta de manera inherente al símbolo, de la misma manera en que la calma transmite la quietud. Aún así, el mero hecho de que un individuo cree un símbolo no lo hace automáticamente perceptible y entendible al resto de individuos de una sociedad, ya que personaje A puede crear un símbolo, pero al momento en que personaje B interactúe con dicho símbolo, puede no entenderlo y restarle importancia o incluso ni reconocerlo e ignorar completamente su existencia. Sin embargo, que un símbolo no tenga validez por parte de una sociedad no desmerita su existencia. El símbolo tiene su inicio en la visión del individuo, donde el imaginario es inspirado por una serie de colores y líneas que le dan vida al concepto hecho figura, con tanta validez, en cuanto a materialización en la realidad, como el mismo individuo en donde todo este proceso creativo y cognitivo se desarrolla.

Si bien la existencia de un símbolo es tan válida como la misma persona de quien surge el símbolo, el hecho de que dicha figura se mantenga en el tiempo sin sufrir ninguna transfiguración depende de muchos factores que pueden sobrepasar incluso las capacidades de control del mismo creador. La adaptación de un símbolo es clave en la fase de vida del mismo, puesto que definirá si dicha figura puede llegar a representar todo un manifestar colectivo o quedarse simplemente como una figura representativa de un pensamiento metafórico en la mente del individuo.

La adaptación de una figura simbólica podría depender de diversos factores, pero principalmente se puede encauzar en dos: el contexto histórico-cultural y la manera en que se tenga un acercamiento con lo que representa el imaginario colectivo desde el aspecto de diseño y visuales. Habrá contextos histórico-culturales donde el símbolo surja orgánicamente entre el latir colectivo, habrá otros donde se adapte una figura ya existente o se le resignifique y habrá otros donde sea una imposición artificial contraria al designio y la voluntad propia. Un símbolo adherible al contexto colectivo tiene una buena recepción y una posible futura buena adaptación, dependiendo ciertamente de cómo se haya tenido el acercamiento desde el aspecto de, al fin y al cabo, qué tan estético y útil es el símbolo. Se entiende útil, en el contexto del símbolo, aquella figura que satisfaga unas necesidades estrictamente específicas, como por ejemplo un signo de rebeldía en el contexto de una sociedad reprimida bajo un régimen autoritario que necesita expresar un mensaje de manera masiva pero camuflada. En resumen, la adaptación colectiva sobre una figura simbólica radica en el entorno donde surge dicho símbolo y la manera en que la colectividad tenga acercamiento a dicho símbolo, generando un vínculo y en últimas un significado inherente a este. 

Al fin y al cabo, los símbolos son un medio más para transmitir información como lo es el mismo lenguaje, con la característica singular de que el código usado en el símbolo son figuras visuales y no fonemas, pero cuyo mensaje puede traspasar incluso las leyes de la física del sonido y los significados de lo hablado. El lenguaje es una entidad viva que no es estática y que tiene tantos dinamismos y cambios, como sus hablantes al habitar una civilización tan afanada y globalizada, puedan llegar a tener. El mismo lenguaje castellano se ha adaptado conforme se iba expandiendo y adquiría cada vez más hablantes, teniendo en consecuencia mutaciones en el mismo debido al nuevo contexto histórico-cultural de los nuevos hablantes y otros factores lingüísticos como las variables geográficas y su impacto en la fonética. 

El símbolo, al igual que otras formas de comunicar, es un ente que evoluciona a partir delas modificaciones que una población hace a esta entidad, en base al contexto histórico-cultural con el que la población se adapte, otorgando un uso y un significado inherente propio, arraigado a la colectividad y cultura local.

Si bien es cierto que el símbolo puede llegar a ser la encarnación del concepto de la colectividad, de igual manera la simbología ha sido una de las vías por las cuales el odio de la humanidad se ha destilado para converger en otros contextos histórico-culturales donde se justifican accionares brutal y despiadadamente inhumanos. En este tipo de contextos histórico-culturales las figuras representan una figura sobre la cual señalar, desde moralmente hasta militarmente, a otro individuo o incluso una sociedad completa, por motivos tan diversos como la etnia, religión o posición social del grupo reprimido frente al grupo opresor. Lastimosamente en estos escenarios los principios del símbolo también son aplicados, incluso de una manera meticulosamente organizada y enfocada, debido a que se suprime la colectividad y un ente central gestiona "más eficientemente" los aparatos del poder y control de las instituciones necesarias, para ejercer a favor de los intereses únicamente de aquel ente centralizado, en ocasiones en forma de "gobierno" totalitarista o en forma de un poderoso conglomerado empresarial. Son estos dos últimos quienes modifican el símbolo a partir de las adaptaciones que hagan para controlar y manipular el colectivo, con el fin de controlar la narrativa. Dicen que los ganadores escriben la historia, pero realmente es el escriba y el dueño del tintero.

En conclusión. 

Los individuos y sociedades en su naturaleza de comunicarse han desarrollado y usado diferentes formas de expresión, formas de expresión que al emplearse evolucionan a partir de las adaptaciones que individuos y sociedades aplican según su contexto. Paralelo a otros métodos de comunicación como el lenguaje, el símbolo ha surgido como materialización del imaginario individual o colectivo para no solo representar, sino también encausar, una idea, pensamiento, acción, significante o filosofía sin el uso de una sola palabra. La materialización del concepto del símbolo puede aplicarse en tantos ámbitos como se necesite, que puede llegar a cruzar los límites de lo moral o lo bello y ser el caldo de cultivo de un movimiento colectivo, que traspasa las fronteras, los lenguajes y el tiempo.

domingo, 15 de junio de 2025

El Parlache, El Juego De Los Marginados.


Por: Wilder Carmona

En la ciudad de Medellín a finales de los años 80’s,  los jóvenes de las clases marginales crearon un dialecto que provocaría más adelante cambios lingüísticos y la apropiación de un lenguaje popular por parte de esos mismos sectores, como lo describe Luz Stella Castañeda (2005): “ Se trata de un lenguaje urbano, muy creativo, que expresa sin pudores ni temores la nueva realidad que viven amplios sectores de la sociedad medellinense y colombiana.” (p.78.). Cuando se dice creativo  podemos empezar a hacernos la idea de su riqueza en cuanto a “juego del lenguaje” en donde los jóvenes inventaron nuevos nombres y formas para referirse a los diversos objetos o situaciones, con ciertas reglas de fondo que facilitaban la comprensión entre sus participantes, pero ¿ De dónde provenían las reglas de ese “juego”?



Si se aspira a participar en un juego se deben conocer previamente sus reglas para no ser penalizado y conseguir entender su sentido, así pues los jóvenes de aquella época se valieron del uso que se le da a nuestro idioma castellano para empezar a denominar los elementos cotidianos, por ejemplo, a varias palabras le cambiaron el orden de sus sílabas como a Camisa = Misaca o Bogotá = Tabogo, otras conservaban sólo su primera sílaba, Nada = Naranjas-Natilla, también resultaron expresiones de acuerdo al contexto, Pasar de agache = Sortear una situación sin llamar la atención, pero como vemos todas las palabras pueden ser interpretadas según ciertas reglas del lenguaje que ya están implícitas, haría falta entonces de cierta perspicacia o intuición para descifrar su uso dentro del juego, he aquí lo divertido del asunto ¡un acertijo!


Lo curioso siempre será la naturaleza  variable del lenguaje dependiendo de las situaciones del entorno donde es utilizado, en Medellín por aquella época se respiraba un ambiente de desolación implantado por el narcotráfico y las guerras urbanas, también las pocas oportunidades y el crecimiento excesivo de la población a raíz de la migración campesina cambiaron a la ciudad para siempre junto con lo que respecta a su lenguaje, surgió entonces el dialecto de los marginados. 


Las condiciones de vida que se sorteaban por esos días originaron una atmósfera hostil en la ciudad, todos sospechaban de todos y muchas personas fueron asesinadas por hablar imprudentemente, había cierto recelo entre los mismos habitantes que quizás suscitó el encriptamiento de las comunicaciones y la creación de un lenguaje diferente. Acción que nos pertenece como humanos es por tanto la inventiva en medio de las adversidades, que  según Wittgenstein (1967): “ Se dice a veces: los animales no hablan porque les falta la capacidad mental. Y esto quiere decir: “no piensan y por eso no hablan”. Pero: simplemente no hablan. O mejor: no emplean el lenguaje, si prescindimos de las formas más primitivas del lenguaje. Ordenar, preguntar, relatar, charlar pertenecen a nuestra historia natural tanto como andar, comer beber, jugar” (p.187.).  El hombre ha creado su propio lenguaje y lo reinventa de vez en vez según sus propias necesidades a diferencia de los animales, que tienen sistemas de comunicación dependientes  de su instinto y de las herramientas que les ha proveído la misma naturaleza, situación que ha permanecido inalterable desde hace millones de años, por tal razón las personas desde la creatividad reconstruyen el edificio del lenguaje pero sin dejar de vista los cimientos que se fundamentan en las reglas de ese juego.   


En el Medellín de aquel entonces las personas de las clases populares tal vez no eran conscientes de su participación en un juego que más adelante influenciaría a todo un país, pues la mayor parte de los colombianos en otras regiones han incorporado en su lenguaje coloquial expresiones del parlache, aquí podríamos hablar de una forma de vida o entramado social en el cual todos sus individuos comparten actividades y costumbres, circunstancia que dio lugar a la aparición del entorno propicio para el adiestramiento de todos los participantes del juego, es evidente que la situación que vivía Medellín también repercutió en el resto del país y eventualmente cada individuo iría adoptando al parlache dentro de su propio lenguaje.


Los problemas que reinaban por aquella época crearon en la mente de los jóvenes originarios de los sectores marginales una visión de mundo totalmente diferente a la de las clases media y alta, y desde su  nueva perspectiva inventaron nuevas palabras que conservaban en el fondo cierto sentido lúdico, pues  lo curioso del asunto fue que las palabras inventadas mantuvieron algún parentesco con las formas tradicionales del lenguaje, tal condición Wittgenstein (1967) la nombra en las investigaciones cuando dice: “ ¿Por qué llamamos a algo número? Bueno, quizá porque tenga un parentesco directo con varias cosas que se han llamado números hasta ahora; y por ello, puede decirse, obtiene un parentesco indirecto con otras que también llamamos así. Y extendemos nuestro concepto de número como cuando al hilar trenzamos una madeja hilo a hilo. Y la robustez de la madeja no reside en que una fibra cualquiera recorra toda su longitud, sino en que se superpongan muchas fibras” (p.229.)  Así mismo muchas palabras fueron creadas desde un concepto unívoco en relación con los diferentes contextos como veremos a continuación. 


En las iglesias de la antigüedad había un encargado de hacer repicar las campanas con el fin de dar aviso o anunciar algo, el campanero,  así mismo se nombró en el parlache al que advertía con algún sonido el arribo de la ley a los barrios donde se realizaba el expendio de drogas. También utilizaban muchas onomatopeyas, por ejemplo en vez de la palabra  “balacera” decían “tastaseo”  haciendo referencia al ¡taz-taz! o ruido que producen las armas al ser disparadas y de ese mismo contexto surgió la palabra “traqueto” para referirse a la persona que está inmersa dentro del mundo de las armas y la mafia con la onomatopeya ¡traque! En el uso de las palabras y la invención de las mismas podemos evidenciar una especie de juego muy original y didáctico, tanto así que otros países de habla hispana reconocen esta curiosidad en el lenguaje común de la región antioqueña que ha sido muy difundido a través de series y novelas de narcos.          


Es muy común encontrar comunidades que dependiendo de sus procesos históricos, fueron incluyendo en su lenguaje nuevos modismos o expresiones para  así crear dialectos que se transforman en  nuevos idiomas, por eso la importancia de aceptar la flexibilidad en el lenguaje y sobretodo de desligar las palabras de su significado porque ellas son como las personas, mientras unas mueren otras nacen, por algo son incluidas en la RAE cada vez  más  palabras y con frecuencia encontramos varias formas de nombrar a un objeto dentro de un mismo idioma, caso específico le ocurre al Español y su riqueza lexical gracias al aporte de las diversas culturas colonizadas por los ibéricos. 


Muchas palabras del parlache ya fueron incluídas en la RAE lo que nos da testimonio del carácter no fijo del lenguaje: “ la expresión  “juego de lenguaje”  debe poner de relieve aquí que hablar el lenguaje forma parte de una actividad o forma de vida” (p.185.) Mientras el hombre permanezca vivo continuará  transformándose  junto con su lenguaje, la interacción entre semejantes da pie para la inventiva de nuevos juegos del lenguaje de acuerdo a la demanda de las comunicaciones. Quizás en un futuro será necesario jugar con otra forma de vida inteligente donde tan sólo sea cuestión de llegar a un acuerdo en las reglas.




Bibliografía


  • Luz Stella Castañeda. (2005). El Parlache: Resultados de una investigación lexicológica, facultad de comunicaciones, Universidad de Antioquia. Bogotá. FORMA Y FUNCIÓN 

 

  • Ramiro Montoya. (2001).  El parlache, Jerga de marginados.  Madrid. VISION LIBROS. 


  • Ludwig Wittgenstein. (1967). Investigaciones filosóficas. Inglaterra.  

sábado, 31 de mayo de 2025

Escritores en los barrios populares

Por: Jhonny Estrada   


“De todo elemento el hombre es un creador”

(Víctor Jara)

Entre los caseríos de los ninguneados, cubiertos por el anonimato en medio de las masas homogéneas, viven laboriosos escritores que intentan pintar con palabras mundos mejores, enseñanzas y esperanzas, que incluso se convierten en un motor para sí mismos. Las palabras, creadoras de mundo, devienen también como horizontes donde la utopía tiene posibilidad. Qué bueno es saber que en los barrios de la ciudad demoledora que es Medellín, absorbida por el pragmatismo de la ganancia, existen soñadores que, lejos de algún nexo con lo académico, dedican parte de su actividad a la creación literaria.

En esta sociedad, cristalizada y pasiva de los humanos cansados, escriben sin importar los límites de sus condiciones materiales, demostrando que dicha creación no es solo una actividad de burgueses. Escritores, que pasan desapercibidos tras la cara de cualquier proletario y puede ser alguien comiendo empanadas en la esquina de un barrio pobre, el trabajador que pasa de vuelta a su hogar cargando una pesada maleta, o, un caddie, que baja de la ladera y contrasta en un espacio donde solo escriben números.

Este es el caso de Cisco o el Cocis, compañero de trabajo, quien es un experto gozando de jugar con las palabras. A veces, llega saludando ¡entonces que chachomus! Y de vez en cuando nos canta una canción al revés. El, hace algunos años, viene escribiendo cuentos y poemas, no con la intención de ser famoso, sino inmerso en la pasión de crear y entregar un mensaje. Su nombre es Francisco Javier Gutiérrez Restrepo, nació en Medellín el 29 de mayo de 1964, tiene 60 años y ha vivido toda su vida en Belén Rincón. 

Comenta que cuando nació el sector aun tenía las calles de barro y no estaba tan habitado: “Crecí en una época donde se vivía tranquilo, los muchachos éramos muy ceñidos a las reglas del hogar, entonces a las 6 pm nos entrábamos para la casa como regla principal. Ya a las 7 se veía muy poquita gente en la calle, además porque todo era oscuro y no había electricidad, ni lámparas de alumbrado público. Por eso nos daba miedo también, porque los papás a uno le contaban historias, de la pata sola, la madre monte, la mano peluda, el cura sin cabeza”.

Cisco ha conformado su familia habitando el sector La Capilla, del mismo barrio, y comenta que apenas hace más o menos 7 años comenzó el hábito de la escritura. Dice: “En mi juventud yo no escribía poesías, pero era muy enamorado y conquistaba las peladas escribiéndoles cartas de amor. Ya esto de escribir poesías y cuentos empecé después, siendo una persona casada, con hijos… y todo comenzó, en una época donde me sentía vacío y decidí conocer más profundamente de Dios. Ahí fue que me di cuenta que podía escribir, y comencé principalmente escribiendo canciones netamente inspiradas en él, porque Dios me enseñó el verdadero amor. Él me regaló entre 40 y 50 canciones todas inspiradas en una buena enseñanza, al igual que mis cuentos y mis poemas están inspirados en las cosas de Dios, en la mujer, en mi madre”.

Sin embargo, Cisco no solo ha creado en sentido literario, también ha trabajado por un mejor mundo dentro de su comunidad. El, que fue reconocido en el barrio por ser un buen futbolista, creó una escuela de fútbol en la que fue instructor muchos años.  “Cree una escuela, un club deportivo acá en La Capilla, estuve sirviendo como instructor a los niños y jóvenes de 5 a 18 años, llegamos a tener más de 200 integrantes. Con ellos teníamos una actividad donde no todo era fútbol, sino que también les mostrábamos películas, documentales, les traíamos expositores, pues no buscábamos que solo fueran futbolistas, sino que, ante todo, fueran buenas personas”.

El objetivo de la obra literaria de Cisco es que llegue a muchos corazones el mensaje que ella contiene. “Me he presentado en muchas convocatorias y concursos para publicación, tengo un libro de cuentos que se llama Milagros Divinos basado en la experiencia de milagros a través de personas, ahí tengo cuentos cortos y cuentos largos con los que podrían hacer una película, tales como: El Paraíso es Real, Yo También Estuve Allí, Amigos por Siempre, Guarden su Corazón, o poesías como El Ángel que Siempre Tuve dedicado a mi madre, porque me di cuenta que a las personas y sobre todo a la madre hay que apreciarla y quererla en vida, porque… ¿Para qué cosas después de uno estar muerto? Pronto la voy a hacer pública, espero que les guste, tiene unos versos muy bonitos”.

Cisco difunde su obra por Tik Tok, donde lo pueden encontrar como “Cocis20” y allí sus cuentos y poemas. Su seudónimo es así, porque aparte de escribir cosas bonitas también le gusta hablar al revés, que es algo que aprendió en el barrio, como parte de un argot callejero. “Por eso he aprendido varias canciones que las puedo cantar al revés. Pero… yo me lo tomo como parte de un juego”. A propósito, en la obra de Cocis puedes encontrar cuentos que no tienen que ver directamente con Dios, tales como Hay Amá Como Te Quería mi Apá, que está inspirado más en situaciones de la vida cotidiana en el barrio, en lo que pasa en la calle. Así pues, tenemos un personaje que se apoya en la palabra para crear el mundo que acompaña sus acciones; pero, además, resulta interesante reflexionar en torno a apreciar la madre en vida y contrastarlo con la relación con Dios y su cuento El paraíso es Real, pues quizás más que una posibilidad, se pueda vislumbrar la necesidad de hacer el paraíso en la tierra. 



martes, 22 de abril de 2025

Saltar o no saltar: he ahí el dilema

 

Por: C. Carmona Salas


 

“Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera… Hasta hay un momento, al principio mismo, en que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace”.

Jean-Paul Sartre.

 

¿Qué vemos al otro lado del precipicio que nos invita a dar el salto? Desde la orilla de nuestra alma presentimos la cercanía de otra alma. Bajo la luz de la propia experiencia vamos tratando de encontrarnos a nosotros mismos al entrar en contacto con el otro, casi siempre de modo inconsciente, y cuanto más creemos en lo que presentimos como semejante, tanto más nos sentimos tentados a dar el salto.

Partiendo de la idea de que el pensamiento precede a la acción, y si aceptamos que el ejercicio del pensar implica cierto movimiento o energía —sin caer en teorías esotéricas triviales, sino entendiendo que las conexiones neuronales se efectúan a partir de reacciones electroquímicas para la transmisión de información—, podemos reconocer que pensar en el otro es invertir en éste cierta energía, al menos desde una perspectiva fisiológica. En este sentido, nos volvemos cada vez más generosos con el otro cuando dirigimos nuestro pensamiento con mayor frecuencia e intensidad en él.

A lo mejor ocurre con la conciencia lo mismo que con la mirada, es decir, en la medida en la que concentramos nuestra atención en un objeto determinado, éste se instala como “único” en medio de la multiplicidad del mundo. Enfocándose sólo en ese objeto, lo demás desaparece para el observador. Esta orientación de la atención en un único objeto puede resultar una suerte de ceguera ya que, en cierto sentido, nos priva de atender el plano general en el que el otro nos aparece allende el precipicio.

Esa luminosidad que nos seduce a dar el salto se hace más resplandeciente en tanto que hacemos de su fuente nuestro objeto de deseo. De este modo la lente de la conciencia va ajustándose, acentuando el enfoque y la intencionalidad en aquello que ahora nos aparece como lo “único”, y la potencia del deseo va resaltando lo que creemos ver como semejante a nosotros, lo que nos resulta particularmente valioso y digno de conquistar en “el deseado”. Quizás ésta es la situación común, el punto de partida genérico en la mayoría de las historias y las empresas amorosas que han ocurrido, ocurren y ocurrirán bajo el cielo de la humanidad.

En el Zaratustra decía Nietzsche que “entre las cosas más semejantes es precisamente donde la ilusión miente del modo más hermoso”. A medida que vamos alimentando esta ilusión, embriagados por las pasiones que derivan del deseo intenso que la idea del otro nos suscita, asistimos —a fuerza de presentimientos— al nacimiento de “lo verdadero” en nuestro corazón. El otro se ha tornado “real” para nosotros, mas no por sí mismo, sino por el influjo ciego de las pasiones que agitan nuestra voluntad. De pie al borde del precipicio, estamos prestos a dar el salto, sin embargo, siguiendo a Nietzsche, olvidamos que “el abismo más pequeño es el más difícil de salvar”.

Ante el dilema de si es posible elegir de quien nos enamoramos o si, parafraseando a Cortázar, es algo que nos sucede súbitamente, como un rayo que nos parte los huesos, es difícil dar una respuesta definitiva. Puede ser que se trate de un ardid de la naturaleza en busca de la preservación de la especie, o tal vez sea una manifestación psicosomática de aquello que oscuramente nos mueve desde el cautiverio del inconsciente. A lo mejor estamos condicionados por todo ello y por la cultura que ha ido estructurando con prejuicios la manera en la que intentamos entablar vínculos afectivos.

Ahora bien, cuanto más nos encontramos envueltos por la niebla de nuestros prejuicios, cuanto más intensamente resuena en nuestro oído el melodioso canto de sirenas que el deseo nos hace intuir como proveniente del otro lado del abismo, cuanto más firmemente nos abrazamos a la fe en aquella “verdad” que nos llama del otro lado del precipicio, tanto más difícil resulta percibir el tenue rumor de la razón que intenta hablarnos en el lenguaje de la incertidumbre y la duda.

Saltar o no saltar: he ahí el dilema. Si bien no podemos elegir de quién ni por qué nos enamoramos, amar al otro sí es una elección que tomamos deliberadamente si se atiende al susurro de la duda, o irreflexivamente si lo hacemos bajo la embriaguez que produce beber del tonel de la ilusión con la sed insaciable del deseo. Si nos detenemos a reflexionar, es decir, a poner en palabras aquello que se agita en la vorágine de nuestro deseo; si nos distanciamos con prudencia para asumir una perspectiva objetiva respecto a la decisión que estamos a punto de tomar; si nos detenemos a contemplar el abismo que nos separa del otro; si ampliamos el enfoque de nuestra intencionalidad para contemplar con mayor apertura lo que nos llama del otro lado del precipicio, probablemente no daríamos el salto. Pero no ocurre así en la vida real, puesto que, como dijo Pascal, “el corazón tiene razones que la razón ignora”.

 

Réplica

 

“¿Qué es lo que hace padecer al amor? La duda. Nietzsche dijo en una ocasión que el amor del filósofo a la vida era el amor a una mujer que nos inspira dudas”.

Thomas Mann.

 

Ciertamente la duda es incómoda, sin embargo, el amor a la vida —o a la mujer— es un asunto de comprensión, mas no de conocimiento. Quien desea conocer algo sufre al enfrentarse con las limitaciones de su entendimiento, y en su interior se agita un mar de dudas. Pero quien busca comprender algo es capaz de asumir con humildad sus propias limitaciones, sobreponiéndose a ellas, navegando sobre el mar bravío de la incertidumbre, ya que no precisa de razones, puesto que conocer es asunto de la cabeza, y comprender, del corazón. Ya decía Pessoa:

 

Porque quien ama nunca sabe lo que ama

Ni sabe por qué ama, ni qué es amar…

Amar es la eterna inocencia,

Y la única inocencia es no pensar…

 

A pesar de todo, saltamos.

 

 

lunes, 21 de abril de 2025

Vibrar con la Tierra para sanar con el sonido

Por: Wilder Carmona



Ilustración por Wilder Carmona

Dicen que todo vibra. Que el universo entero es una danza de frecuencias, una sinfonía invisible que se despliega en cada hoja que cae, en cada ola que lame la orilla, en cada suspiro que escapa del pecho. En medio de ese universo sonoro, hay quienes han aprendido a afinar su espíritu a una frecuencia distinta: 432 Hz. No es un número al azar. Muchos lo consideran el pulso natural de la Tierra, una vibración que resuena con el corazón, con el agua, con los ciclos invisibles que rigen la vida.

Leidy y Sulpayki han hecho de esa frecuencia su hogar. Son Raíz Aborigen, un dúo que no interpreta canciones: las encarna. Leidy abraza la guitarra como si fuese una prolongación de su pecho, de su intuición más honda. Sus dedos recorren las cuerdas con una suavidad precisa, convocando melodías que recuerdan a las abuelas que cantaban para sanar, para despedir o para dar la bienvenida a la vida. A su lado, Sulpayki respira a través de la quena y la zampoña, soplando vientos antiguos que parecen salir de las entrañas de los Andes.

Se conocieron hace dos años y medio, no en una sala de conciertos ni en un festival de arte, sino en las montañas de Venecia, Antioquia. Como si el destino hubiera sido convocado por alguna fuerza más antigua que la voluntad, sus caminos se entrelazaron allí, entre nieblas y cafetales, donde el silencio también tiene voz. Desde entonces, su andar ha sido inseparable: un viaje compartido, musical y espiritual.

No son artistas de vitrina. Su música no se viste de espectáculo ni de luces artificiales. Cantan en rituales de hongos, ceremonias que convocan el cuerpo y el alma, guiados por una maima, una sabia mujer que cuida y guía. En esos encuentros, Leidy y Sulpayki no son protagonistas: son custodios del silencio, del tránsito interior de quienes se sumergen en lo profundo. Saben cuándo tocar y cuándo callar, cuándo un golpe de tambor basta o cuándo un susurro basta más aún. Su sonido no interrumpe el viaje: lo sostiene.

Pero también, como tantos artistas de corazón libre, caminan entre dos mundos. A veces, los encuentras en pequeños restaurantes, entonando canciones propias o recreando las voces de los artistas que admiran: Grupo Putumayo, Los Kjarkas, Savia Andina, Chris Orange, Danit. Han hecho del canto una manera de vivir, y del viaje una forma de conocimiento. No tienen disquera, pero tienen camino. No tienen escenario fijo, pero tienen horizonte.

Con frecuencia, viajan "tirando dedo", dejando que el viento y la buena voluntad los lleven a lugares tan apartados como el Putumayo. En cada tramo, en cada parada, la música es su pasaporte. No llevan más que sus instrumentos, su confianza en la vida y la certeza de que, mientras sigan cantando, el mundo les abrirá sus puertas y les dará sus gratificantes sorpresas.

Una tarde, cuando la ruta los llevó al sur profundo del país, una experiencia quedó tatuada en su memoria. Fue en el Putumayo, en medio de la espesa selva que abraza el camino que conduce de Mocoa a Pasto, por un trayecto tan temido como fascinante: El Trampolín de la Muerte. No es un nombre poético ni exagerado. Se trata, sin ambages, de la carretera más peligrosa de Colombia. Una vía angosta, sin asfalto, esculpida en los bordes de la cordillera, flanqueada por precipicios y nubes densas, por los rugidos de la selva y el recio viento.

Aquella vez, un pequeño campero los recogió cuando el reloj marcaba las cuatro de la tarde. El cielo comenzaba a mutar entre los tonos ocres del ocaso y la azulina niebla del crepúsculo. Iban en la parte trasera, con los cuerpos entregados al vaivén de la suspensión que traqueteaba con brusquedad entre huecos, piedras y curvas imposibles. Cada sacudida era un llamado a la conciencia: estaban vivos. Y lo sabían con una claridad que solo el vértigo puede regalar.

“El paisaje era increíble”, dijeron. Y no lo decían como una postal turística. Era una especie de desborde de la belleza, un paraíso escondido tras el disfraz del peligro. La luna, alta y callada, parecía velar su paso como una guardiana ancestral, mientras la vegetación estallaba en verdes profundos y nieblas persistentes. Entre el susto y la contemplación, algo se reveló.

Tal vez por eso, esa experiencia les quedó grabada como una lección. Allí, en ese trance entre el miedo y la maravilla, comprendieron algo esencial: que la vida se siente más nítida cuando se roza su umbral. Que el peligro no es enemigo de la belleza, sino su frontera. Y que así como El Trampolín de la Muerte oculta un paraíso entre abismos y precipicios, también el alma humana guarda paisajes luminosos detrás del temor, si sabemos transitar con respeto, con música, con silencio.

Al final del día, Raza Aborigen no es solo un nombre artístico: es una declaración de sentido. Leidy y Sulpayki no buscan volver a un pasado idealizado, sino rescatar lo esencial que aún late debajo de la tierra del mundo moderno. Su canto es tierra, raíz, respiración. Es el intento honesto de traer al ahora el espíritu de un tiempo donde el sonido y el alma no estaban separados. Y así siguen, con sus mochilas al hombro, su fe en la música como medicina, y una guitarra afinada al pulso de la Tierra.

Pero si hay algo que también vibra en cada respiración compartida sobre el escenario o en medio de la selva, es el amor que se profesan. Ese vínculo no solo los sostiene a ellos, sino que se proyecta hacia el mundo. Quien los escucha, lo siente: hay una ternura en sus melodías, una delicadeza que no se puede fingir. El amor entre ellos es parte del mensaje, no como un espectáculo romántico, sino como un recordatorio de que la unión verdadera también puede ser medicina. En tiempos de ruido y prisa, ellos cantan al ritmo del cuidado mutuo, del respeto, del compartir silencios y caminos difíciles.

Así, cada nota, cada palabra, cada silencio entre canción y canción, es una forma de decir: “aquí estamos, amándonos, y ese amor también es para ti”.

Porque cuando la tierra vibra en 432 Hz, lo hace no solo desde la raíz: lo hace también desde el corazón humano.


martes, 15 de abril de 2025

viernes, 11 de abril de 2025

Rarograund: Una posibilidad en la asfixiante realidad

Por: Jhonny Estrada


Rarograund: Foto tomada por Jhonny Estrada


Por obvias razones, él no tiene celular, tampoco vive en una casa donde puedas buscarlo, pero aun así salí a su encuentro; es decir, me trace un trayecto (a ver si me lo encontraba), desde la Avenida 80 con la Cl. 65, hasta las canchas donde Realizan Barrio Antioquia fresstyle, en el barrio Trinidad. Lo había buscado con atención mientras caminaba, pero como no recordaba su rostro, solo podría reconocerlo por su energía particularmente rapa que ya había percibido una vez.

Llegué a las canchas desesperado por no haberlo hallado en el camino y sin saber qué hacer, pregunté a la primera persona que estuvo a mi lado. ¿Conoces a Rarograund? Responde: claro ¿quién no? Entonces le pregunto si sabe dónde lo puedo encontrar. Él se parcha por allí, (señala) al fondo a la izquierda detrás del árbol grande en los parques. Decidí a ir primero a buscar una cerveza para soportar el severo sol mientras subía al lugar que me habían señalado y, en el camino, me lo encontré. Estaba en el andén, dormido profundamente en el incómodo colchón que es la realidad y lo áspero del cemento. Por tanto, con pola en mano, me senté a esperar a que despertara de las infernales locuras en las nubes de su edén.

Una vez se levantó de allí, lo saludé y le recordé que un día hablé con él para que me permitiera una entrevista, entonces me recibió amablemente y nos sentamos en el andén de en frente. Su nombre es Juan David Baloyes Mosquera y tiene 30 años, más conocido como Rarograund, un afro con un talento forjado en la adversidad, habitante de calle y habitual participante de las batallas de freestyle en el barrio Antioquia. Cuenta que nació en Medellín el 20 de febrero del 94, en la casa donde vivían, en Belén Zafra, y allí se crio hasta los 10 años. Pues, desde entonces, su familia se estuvo mudando por diferentes barrios de la ciudad.

En una mezcla de nostalgia y alegría, comienza a comentar: yo toda mi infancia, nea, estudié música en la escuela del barrio Santafé, desde los 6 años, y estando en la red de bandas aprendí a tocar la Viola. El Rap lo conocí a temprana edad, pero no entendía bien sus términos ni sus fundamentos. Recuerdo que mi tía, que llego de Brasil, me trajo dos CDs ¡originales gonorr#@! De todos los hits de esa época en el Hip Hop. Entonces ahí estaban temas como: Where Is The Love? Y otros de Snoop y Dr. Dre. Estaban muy chimbas y se los detallé a un parcerito que manejaba bus cuando vivimos en Buenos Aires Quinta Linda. Por allá conocí raperos más adultos que me daban bases. Yo tenía como 13 años y estudiaba en el INEM y entonces, con otros compañeros del colegio, conformamos un grupo y comencé a rapear, también bailábamos break dance, fue la primera vez que empecé a crear música.

Raro creció en una familia que practica el taoísmo, pero no el oriental sino el de Suramérica, fundado por el maestro Kelium Zeus. Dice: mi mamá y sus hermanos desde muy jóvenes comenzaron a cambiar el estilo de vida, a entrenar y estudiar la ciencia del esoterismo, por lo que yo nací en eso siendo vegetariano. Entonces estas músicas… que son músicas infernales decía el maestro… paila yo sentía mucho temor de ser rapero.

De todas formas, me gustaban mucho los conciertos de Rap que hacían gratis cada ocho días por toda la ciudad. A todos íbamos, que el HIP 6, que Revolución sin Muertos, que el Undergrano, que el Altavoz. Desde Caldas a Copacabana, en alguna parte había un evento de Rap. Pero en una de esas, tuve una sobredosis de sustancias, yo estaba muy pequeño, tenía 15 años. Entonces, por eso dejé la música y me fui para el templo del maestro, porque el Tao era mi religión y yo desde niño seguía los pasos, así que estuve por allá 6 años. Aunque pa’ qué, por allá escribí como 4 canciones sobre las conexiones que iba sintiendo.

Cuando Raro volvió de allí, retomo su vida, trabajaba, tenía su moto y ayudaba económicamente en su casa. Sin embargo, tuvo otro descontrol con las sustancias y comenzó a fumar otras cosas. Dice: me desbordó el perico y empecé a fumar bazuco porque ya no me gustaba como me estaban ardiendo las fosas, consumía a pesar del miedo que me daba, porque recordaba a un tío mío que era consumidor y fue muy problemático para la familia ¡yo lo quería mucho! Mi mamá, al ver que ya solo quería estar en la calle consumiendo, me echó de la casa. Entonces ya hace 6 años vivo en la calle; mi mamá quiere que deje las drogas… pero yo siento que todavía hay mucha estigmatización con ellas. Eso afecta, porque si hubiera mejores herramientas quizá habría más drogos funcionales; yo, a pesar de la adicción, me considero de muy buen comportamiento, soy trabajador mientras puedo y consumo por mi propio “criterio”.

Continua: “volví al Rap hace dos años, cuando empezó la liga Barrio Antioquia Fresstyle y me he sentido muy acogido por la comunidad, he logrado mucha conexión con la gente. Yo busco también una conexión con la madre coca, como los indígenas Arhuacos, y aunque estas sustancias tengan muy poca, donde este la coca ahí soy feliz y quiero estar”. Pero ante este romance Rarograund reflexiona y dice: “Mi adicción y mi cuerpo, como esta hoy, es el resultado del desamor y el autorrechazo, de proyecciones de suicidio y concepciones negativas que se convierten en hábito”. Raro ahora, con los parceros de la liga, ha sentido nuevamente una familia y una hermandad, potenciando sus posibilidades de vida.

Rarograund no es solo un habitante de calle, estereotipado como delincuente, sino más bien un artista entre la dificultad y la secuela. Él se toma el andén de colchón para atravesar el sol después de la juerga nocturna, y, cuando se despierta, hay locos a su lado queriendo escribir su cuento. Y luego, como surgido de la nada, pasan taxis con amigos suyos diciéndole: ¡Raro! ¡Vamos para Buenos Aires a la batalla de la tienda del freestyle! Él responde: ¡No mano, estoy muy gamín! Y su amigo le responde: ah, listo mano, entonces voy a pasar todos los días por usted hasta que quiera gonorr#@! Entonces a la utopía le late fuerte el corazón.

lunes, 7 de abril de 2025

En un mundo malo y sus fantasmas solo se puede mirar el horror


Por: Jhonny Estrada


Como arcadas o nauseas secas, me ha acontecido durante los últimos días una percepción deprimente de la realidad y su panorama mundial actual, o por lo menos de lo que desde esta ciudad que es Medellín, enmascarada como tasita de plata, se puede ver de cerca y enterarse a lo lejos. Tal vez peque de ingenuidad al esperar más que malas noticias, cuando se supone que uno es consciente de que de una sociedad que ha construido su base fundante sobre la injusticia, no habrá de emerger nada bueno. Difícil es creer que este mundo maltrecho por el capitalismo dará a luz a la sociedad humana que soñando despiertos divisamos en el horizonte, sin antes destruir sus cimientos de injusticia.

Este pesimismo y el panorama de negatividad, sin embargo, nos debe recordar, más bien, que no es fácil la trasformación, como también que es urgente nuestra acción. Pues tampoco se puede negar que es en los humanos de este mundo malo que recae la esperanza de realización de uno mejor, bueno, sin averías ni enfermo. Pero hoy, a pesar de las bellezas sintéticas que decoran este mundo y con las que hipnotizan la mirada de las masas, el horror se ha desplegado por todos lados sin dejar algo más que mirar. Las violentas tensiones que se palpan acá y acullá, por consiguiente, deberían necesariamente concentrar toda nuestra atención.

Hoy por hoy el malestar de la vida humana es ineludible. Pero habría que caminar sin corazón para ignorar deliberadamente el genocidio más atroz en nuestra época, a saber, el de Israel y su mundo aliado contra Palestina, mientras es transmitido en vivo como parte del espectáculo. Y para no decirnos mentiras, este es un avance ejemplar de que este sistema puede eliminar todo lo que no represente sus intereses, como también que los derechos humanos no son más que un fantasma.

La fe que depositamos en estos últimos demuestra que somos gobernados por espectros, por puros ideales que adquieren más poder de verdad que la realidad, aunque aquellos estén en contradicción con las condiciones materiales que constituyen la realidad misma. Tal como la libertad o la igualdad, supuestamente garantizadas por el fantasma mayor, el Estado, al que obedecemos e idolatramos, aunque nos mantenga atados bajo sus formas establecidas a condiciones paupérrimas de vida, obedeciendo más bien a los intereses de los poderosos, la propiedad privada y la conservación del orden que los favorece.

Para no ir muy lejos, en Colombia, uno se levanta por estos días y se da cuenta que fueron eliminados por los opositores del pueblo en el Congreso, los artículos 31, 32 y 33 de la reforma laboral propuesta por el presidente Gustavo Petro. Estos trataban acerca de las medidas de formalización de las y los trabajadores del campo, reglamentando el contrato laboral agropecuario para las personas que ejercen labores allí de forma permanente, transitoria y estacional, según las temporadas de productividad, continuas o discontinuas. Esto implicaba, pues, el pago obligatorio de un jornal agropecuario al trabajador. A la vez, el artículo 33 tenía como objetivo garantizar la vivienda o su adecuación para las trabajadoras y trabajadores rurales, que habitan en el predio de explotación con sus familias.

Aunque la reforma fue aprobada, la eliminación de estos artículos es un fuerte golpe contra los trabajadores rurales y du dignidad. Los congresistas opositores les han negado sus derechos laborales con argumentos en pro de las finanzas de los empresarios, alegando que estos no los pueden pagar por el riesgo inminente de quiebra. Una vez más, los intereses de los poderosos se sobreponen a los intereses del pueblo y la masa trabajadora, abriendo más la brecha de desigualdad que sostiene el orden de represión.

La lucha de clases que surge del sistema capitalista se percibe intensificada por todos lados, y la sociedad alienada se apacigua agitada en la persecución y posesión del dios dinero, el cual, más que todo, tiene la capacidad de obnubilar todo sentido común. Nada más es ver las declaraciones del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, acerca de la problemática de los habitantes de calle en la ciudad, dice: “las cosas se tienen que llamar como son: un habitante de calle que tira una piedra y le causa daño a un ciudadano, antes que habitante de calle ya se ha convertido en un delincuente y debe ser tratado como tal”, sin reconocer la macro estructura que da como resultado esta problemática social. Cierto es su incremento en la ciudad, como también es preocupante la práctica que han asumido algunos de arrojar piedras desde los puentes para facilitar que las bandas criminales, con las que están aliados, roben a los motoristas o conductores.

Pero si bien, este es un acto criminal que debe ser castigado, como afirma el alcalde, lo cuestionable estriba en que el habitante de calle deja de ser tomado como tal y convertido solo en criminal. De nuevo atacándose solo las consecuencias y desconociendo las causas y trasfondos que llevan a las personas a ser habitantes de calle y cometer estos actos. Además, argumenta Gutiérrez, que los derechos de estas personas no pueden estar por encima de los derechos de los demás ciudadanos, como si en verdad estos desposeídos tuvieran algún derecho. Pues el único que parece respetárseles, es el de la libertad de ser todo lo habitante de calle que se quiera, mientras no alteren el orden público. Y es que el capitalismo se instala con tal naturalidad, que rara vez cuestionamos la estructura y orden social que hace que existan personas con tales condiciones de vida, sino que, a lo sumo, reconocemos que deben ser reacomodadas las ovejas descarriadas y, en su defecto, eliminadas y desechadas, abandonadas a su suerte, en esta selva donde solo vales lo que tienes.

Es claro que nuestros gobernantes no tienen ningún interés en solucionar los problemas de la población y garantizar sus derechos básicos, pues solo están movidos por sus intereses de clase. Como se hizo evidente con la ausencia del alcalde y el gobernador en las jornadas asamblearias realizadas en la Universidad de Antioquia, a las que fueron invitados para hacer frente a la desfinanciación que sufre la educación pública y, en especial, nuestra alma mater, pero no dejaron más que vacías las sillas marcadas con sus cargos, y a los estudiantes esperando que en algún momento llegaran a ocuparlas.

Por tanto, ante el posible cierre de la Universidad, al estudiantado no le queda otro camino que tomar acción, marchar y hacerse escuchar por este pueblo indolente, que, aunque afectado, no parece interesado en defender el derecho a la educación pública. No obstante, es en la acción de todos donde reside la transformación de este mundo malo.